Envases alimentarios biodegradables
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Desde hace unos diez años, la tecnología ha permitido desarrollar distintas formas de envases para alimentos como el envasado al vacío o en atmósfera modificada, y se ha pasado a innovar en diversos tipos de plásticos y de mezclas que permiten que el envase sea impermeable a los gases, al agua, sólo al vapor de agua o a algunos tipos de gases. Pero esta generalización también implica un impacto en el medio ambiente, que recibe gran cantidad de residuos que no pueden ser degradados. Asumiendo este riesgo, ya se están diseñando nuevos materiales, muchos de ellos obtenidos de residuos de algunas plantas que aseguran su eliminación en el medio ambiente y la desaparición de los residuos. Uno de los envases que más expectativas está creando es el que se obtiene del almidón de cereal y, especialmente, del almidón de trigo. Hasta el día de hoy este componente se utilizaba desde la perspectiva de la nutrición por su importante fuente de hidratos de carbono y, consecuentemente, por su especial aporte de energía inmediato. Con las ayudas que se han dado a la agricultura muchos países han conseguido una hiperproducción de este alimento.

La existencia de nuevas posibilidades para estos productos procedentes del campo puede cambiar la situación a medio plazo. En este sentido, actualmente ya se están explorando nuevas vías de producción de biocarburantes y se abre la expectativa hacia nuevos envases. Aunque parecía imposible, se está valorando la producción agrícola como el mejor sistema para el aprovisionamiento de materias primas, tanto energéticas como de uso cotidiano, que no tengan implicaciones negativas para el medio ambiente, con un margen comercial muy superior a los obtenidos mediante la agricultura tradicional. Si, además, se tiene en cuenta que gran parte del campo en los países desarrollados está despoblado y que hay una importante superficie disponible para incrementar la producción de especies vegetales interesantes, con la tecnología adecuada se podrían conseguir grandes producciones sin inversiones excesivamente elevadas. La consecuencia puede ser clara en un moderado período de tiempo. Por una parte, un porcentaje importante de los combustibles que emplean los automóviles procederán de una fuente vegetal, como el biodiesel o el bio-etanol, completamente compatibles con los motores actuales y con una reducción de la dependencia exterior del petróleo. Por otra parte, podrá incrementarse la producción de vegetales con capacidad para ser utilizados en la producción de envases biodegradables, lo que conseguirá que el propio envase sea de uso alimentario, que la migración, si se produce, no tenga consecuencias negativas para la salud y que el medio ambiente no se vea afectado. Los nuevos materiales para alimentos obligan a valorar aspectos como la influencia de los pesticidas en los cultivos y su potencial transferencia Envases vegetales Los envases vegetales se están elaborando sobre todo a partir de almidón de trigo, que posee una plasticidad importante. Para que pueda tener una acción nutritiva necesita melificarse, y esto se consigue mezclando el producto con agua y calentando a una cierta temperatura. Cuando el almidón comienza a albergar agua en su interior, se hincha y da lugar a una estructura plástica, característica que le permite ser moldeado y adaptado a la forma que se considere apropiada. Si, posteriormente, se seca, se pueden conseguir diferentes niveles de compacidad y dureza que lo asemejan a los envases de plástico, aunque por ahora aún son muy frágiles y dan una escasa protección. |